Malditas rubias
“¡Plum, plum!”
Le despertaron unos golpes secos. Se incorporó un poco y miró el reloj de la mesilla de noche, aunque no llegó del todo a ser consciente de la hora; por la mañana creía que eran cerca de las 2:00, dos horas antes de levantarse para ir a trabajar. Al tiempo que miraba el reloj se dio cuenta de que estaba solo en la cama, de que su mujer no estaba junto a él.
“¡Plum, plum!”
Giró la cabeza y vio a su esposa de pie, junto a la cama, con una zapatilla en la mano, comprendiendo enseguida la situación. Miró la cama y vio a la rubia tratando de huir, al mismo tiempo que escuchaba a ella decir:
- Se me subía por la pierna.
En un acto reflejo cogió su propia zapatilla y le atizó dos golpes más a la rubia, provocando que esta cayera al suelo.
“¡Plas, plas!”
Los golpes de su mujer acabaron con la huida de la rubia, aunque no acabaron con su vida. Vio a su esposa alejarse hacia el cuarto de baño, a por un trozo de papel higiénico con el que envolverla y echarla por la taza del inodoro, donde acabaría su vida.
Mientras ella se alejaba se dejó caer hacia atrás y, como siempre, se durmió antes de que su cabeza tocara la almohada. Su mujer no volvió a dormir en toda la noche.
Malditas cucarachas.

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