El blog de ummo

Poema 23: LA AURORA, de Federico García Lorca


La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.

(De Poeta en Nueva York, 1929-1930)

 

Junio 1, 2006 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | 2 comentarios

Poema 24: NOCTURNO III, de José Asunción Silva


Una noche,
Una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Una noche,
En que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
A mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
Muda y pálida
Como si un presentimiento de amarguras infinitas,
Hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,
Por la senda que atraviesa la llanura florecida
Caminabas,
Y la luna llena
Por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,
Y tu sombra
Fina y lángida,
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada
Sobre las arenas tristes
De la senda se juntaban
Y eran una
Y eran una
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
¡Y eran una sola sombra larga!
Esta noche
Solo, el alma
Llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
Separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,
Por el infinito negro,
Donde nuestra voz no alcanza,
Solo y mudo
Por la senda caminaba,
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
A la luna pálida
Y el chillido
De las ranas,
Sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba
Tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
Entre las blancuras níveas
¡De las mortuorias sábanas!
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
Era el frío de la nada…
Y mi sombra
Por los rayos de la luna proyectada,
Iba sola,
Iba sola,
¡Iba sola por la estepa solitaria!
Y tu sombra esbelta y ágil
Fina y lánguida,
Como en esa noche tibia de la muerta primavera,
Como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella,
Se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!..

(De Nocturnos)

 

Abril 17, 2006 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | Aún no hay comentarios

Poema 25: PIEDRA NEGRA SOBRE UNA PIEDRA BLANCA, de César Vallejo


Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París. -Y no me corro-.
Tal vez un jueves, como hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…

(“De Poemas humanos, 1939)

 

Marzo 31, 2006 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | 5 comentarios

Poema 26: CANCIÓN DE INVIERNO, de Juan Ramón Jiménez


Cantan. Cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?
 
Ha llovido. Aún las ramas
están sin hojas nuevas. Cantan. Cantan
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan?
 
No tengo pájaros en jaulas.
No hay niños que los vendan. Cantan.
El valle está muy lejos. Nada…
 
Yo no sé dónde cantan
los pájaros -cantan, cantan-,
los pájaros que cantan.

(“Canciones”, de La frente pensativa, 1911-1912)

 

Febrero 19, 2006 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | 1 comentario

Poema 27: EL OTRO, de Jorge Luis Borges


En el primero de sus largos miles
De hexámetros de bronce invoca el griego
A la ardua musa o a un arcano fuego
Para cantar a la cólera de Aquiles.
Sabía que otro -un Dios- es el que hiere
De brusca luz nuestra labor oscura;
Siglos después diría la Escritura
Que el Espíritu sopla donde quiere.
La cabal herramienta a su elegido
Da el despiadado dios que no se nombra:
A Milton las paredes de la sombra,
El destierro a Cervantes y el olvido.
Suyo es lo que perdura en la memoria
Del tiempo secular. Nuestra la escoria.

(De El otro, el mismo, 1964)

 

Febrero 12, 2006 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | 2 comentarios

Poema 28: TÚ ME QUIERES BLANCA, de Alfonsina Storni


Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.
Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdona),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques;
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua;
habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.

(De El dulce engaño, 1918)

 

Enero 11, 2006 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | 3 comentarios

Poema 29: ORIENTE, de Manuel Machado


Antonio, en los acentos de Cleopatra encantado,
la copa de oro olvida que está de néctar llena.
Y, creyente en los sueños que evoca la sirena,
toda en los ojos tiene su alma de soldado.
 
La reina, hoja tras hoja, deshojando sus flores,
en la copa de Antonio las deja dulcemente…
Y prosigue su cuento de batallas y amores,
aprendido en las magas tradiciones de Oriente…
 
Detiénese… Y Antonio ve su copa olvidada…
Mas pone ella la mano sobre el borde de oro,
y, sonriendo, lenta hacia sí la retira…
 
Después, siempre a los ojos del guerrero asomada,
sella sus gruesos labios con un beso sonoro…
Y da la copa a un siervo, que la bebe y expira…

(De Alma, 1902)

 

Enero 3, 2006 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | Aún no hay comentarios

Poema 30: XLVI, de Ausias March


Veles e vents han mos desigs complir
faent camins dubtosos per la mar.
Mestre i Ponent contra d’ells veig armar;
Xaloc, Llevant, los deuen subvenir

Ab llurs amics, lo Grec e lo Migjorn,
fent humils precs al vent Tramuntanal
que en son bufar los sia parcial
e que tots cinc complesquen mon retorn.

Bullirà el mar com la cassola en forn,
mudant color e l’estat natural,
e mostrarà volver tota res mal
que sobre si atur un punt al jorn;
grans e pocs peixs a recors correran
e cercaran amagatalls secrets:
fugint al mar, on són nodrits e fets,
per gran remei en terra eixiran.

Los pelegrins tots ensems votaran
e prometran molts dons de cera fets;
la gran paor traurà al llum los secrets
que al confés descoberts no seran.
En lo perill no em caureu de l’esment,
ans votaré al Déu qui ens ha lligats,
de no minvar mes fermes voluntats
e que tots temps me sereu de present.

Io tem la mort per no ser-vos absent,
perquè Amor per mort és anul·lats;
mas io no creu que mon volver sobrats
pusca esser per tal departiment.
Io só gelós de vostre escàs voler,
que, io morint, no meta mi en oblit;
sol est pensar me tol del món delit
-car nós vivint, no creu se puscar fer-:

Aprés ma mort, d’amar perdau poder,
e sia tost en ira convertir,
e, io forçat d’aquest món ser eixit,
tot lo meu mal serà vós no veer.
Oh Déu!, ¿per què terme no hi ha en amor,
car prop d’aquell yo em trobara tot sol?
Vostre voler sabera quant me vol,
tement, fiant de tot l’avenidor.

Io són aquell pus extrem amador,
aprés d’aquell a qui Déu vida tol:
puis io són vin, mon cor no mostra dol
tant com la mort per sa extrema dolor.
A bé o mal d’amor io só dispost,
mas per mon fat Fortuna cas no em porta;
tot esvetlat, ab desbarrada porta,
me trobarà faent humil respost.

Io desig ço que em porà ser gran cost,
i aquest esper de molts mals m’aconhorta;
a mi no plau ma vida ser estorta
d’un cas molt fér, qual prec Déu sia tost.
lladoncs les gents no els calrà donar fe
al que Amor fora mi obrarà;
lo seu poder en acte es mostrarà
e los meus dits ab los fets provaré.

Amor, de vós io en sent més que no en sé,
de què la part pitjor me’n romandrà;
e de vós sap lo qui sens vós està.
a joch de daus vos acompararé.

Velas y vientos cumplan mi deseo:
harán caminos por la mar dudosos,
contra el maestre y el poniente veo
levante y el xaloque muy furiosos,
con griego y tramontana, que bien creo
le ayudarán con ruegos amorosos;
por qu’estos cinco soplen de manera
que vuelva yo do siempre estar quisiera.

El mar hirviendo como el agua al fuego,
y su color veréys andar mudado;
traerá qualquiera cosa sin sosiego,
que sobre sçí hallarse estando ayrado;
los peces todos juntos yrán luego
lugar buscando oculto y encerrado;
huyendo al mar que los crió y sustenta,
en tierra saltarán sin otra cuenta.

Los peregrinos votarán turbados
dones de cera en viéndose en sus puertos,
y el gran pavor descubrirá peccados
que’n confesión no han sido descubiertos;
Allí os ternán presente mis cuydados
y luego votaré mis votos ciertos,
que nunca havrá mudanza, y qu’en ausencia
n’oblidaré vuestra gentil presencia.

La muerte temo por no verme ausente,
por qu’el amor por ella es acabado,
y no se partirá ni se consiente
que partir pueda d’este amor sobrado;
mas vuestro poco amor me mata y siente
el mío, qu’en morir seré olvidado;
sólo este pensamiento me cautiva,
mas no creo que será si vos soys viva.

En yo muriendo no ha de amar ninguno,
y amor se queda en yra convertido;
mas quando morir quiera ¿qué importuno
será el dolor de ausencia y quán crescido?
Si término en amor hubiera alguno,
en él yo fuera solo y escogido
y viera vuestro amor si s’estendía,
o si en lo venidero teme o fía.

Yo soy el amador más estremado,
después de los que ya no tienen vida,
por verme bivo y veros no he quexado,
¿cómo haré cuando el morir me impida?
A bien o a mal estoy aparejado,
mas no cabe en mi hado haver guarida;
que yo con humildad lo estó esperando,
la puerta le abro y allí estoy velando.

Deseo aquello que ha más de costarme
y la esperança d’esto me recrea;
mi vida no querrá, ni aun yo, salvarme
d’un caso fiero, y pido a Dios que sea;
las gentes todas luego podrán darme
más fe que no al amor, como se vea
que en actos su poder será mostrado,
y en hechos mostraré lo que he hablado.

Amor, siento de ti más de lo que de ti sé,
y en mí perdurará la peor parte de lo que siento;
de ti sabe aquel quien sin ti está.
Al juego de dados te compararé.

(Ausias March, 1397-1459)

 
Nótese que la traducción es castellano antiguo, así que lo que parecen faltas de ortografía, no lo son ;)
 

Diciembre 18, 2005 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | Aún no hay comentarios

Poema 31: ROMANCE DE ABENÁMAR Y EL REY DON JUAN


-¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida;
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
-No te la diré, señor,
aunque me cueste la vida.
-Yo te agradezco, Abenámar,
aquesta tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
-El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita;
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra
otras tantas se perdía:
desque los tuvo labrados
el rey le quitó la vida
porque no labre otros tales
al rey de Andalucía.
El otro es Torres Bermejas,
castillo de gran valía;
el otro Generalife,
huerta que par no tenía.
Allí hablara el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieras, Granada,
contigo me casaría;
dárete en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.

(De Romancero, siglo XV)

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Noviembre 30, 2005 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | 6 comentarios

Poema 32: XVIII, de Lope de Vega


¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta cubierto de rocío
pasas las noches del invierno oscuras?
 
¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué estraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
 
¡Cuántas veces el ángel me decía:
“Alma, asómate agora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía”!
 
¡Y cuántas, hermosura soberana,
“Mañana le abriremos”, respondía,
para lo mismo responder mañana!

(De Rimas sacras, 1614)

 

Noviembre 26, 2005 Publicado por ummo | 50 poemas del milenio | | Aún no hay comentarios